Elogios desmedidos para David Lynch
1 10 2009
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El esfuerzo principal del cine de David Lynch es por hacer que los fenómenos cotidianos parezcan extraños. En Twin Peak un zorzal se transforma en amenaza. En Blue Velvet un jilguero y unas hormigas.
Hemos visto cientos de travelling aéreos sobre una ciudad en la noche, pero ninguno tan aterrador como los de Mullholland Drive. Lynch logra transformar lo ordinario en extraordinario.
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Lynch utiliza todos los elementos formales del cine para crear un mundo alterado que luego introduce en ese espacio domesticado y rutinario que llamamos realidad.
Lo extraño destella al entrar en el mundo cotidiano, iluminándolo por un instante. Es el placer de lo poético. En la experiencia poética no se trata de comunicar una idea, se trata de despertar lo que uno tiene allí delante de manera inmediata. Se trata de convocar el aparecer de las cosas.
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Al presentar el mundo cotidiano en su ambigüedad, Lynch hace aparecer lo misterioso que solo se puede manejar sin ser comprendido en su totalidad. El cine de Lynch evita que se establezca certeza alguna.
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Lynch, como Buñuel, piensa que todo lo que se comprende se reduce, por eso prefiere la inestabilidad, la incertidumbre y la duda.
Experimentar en zonas desconocidas. Producir acontecimientos imposibles.
Nada mejor para mantener la incertidumbre viva que crear secuencias imposibles. Es decir imágenes que cuando creemos haberlas visto, se transforman en otras ante nuestros ojos. Imágenes imposibles de comprender, de reducir, de darles un sentido.
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El cine de Lynch instala una realidad oscilante. Procura disolver la separación que existe entre las experiencias extraordinarias y fantásticas y las comunes y corrientes. Introduce la duda en lo que hemos visto y acostumbrado a ver.
El cine de Lynch es un engaño al ojo.
Engañar al ojo es introducir inestabilidad en la mirada.
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Mas que narrar una historia, Lynch la hace ocurrir en la plenitud de la pantalla. Reduce información para desalentar al espectador impulsándolo a que abandone la búsqueda de la solución del misterio y de este modo vuelva a encontrarse con la totalidad de la superficie de la pantalla. Con la materialidad del film. Por eso incorpora siempre un giro inexplicable. Por eso el caos narrativo y el orden visual en sus películas.
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El cine de Lynch abandona la confianza en la posibilidad de comprender el mundo de la que padece la psicología, para ingresar a la aventura del misterio. La psicología destruye el misterio o la sensación de estar al interior de el. Hace vivir como si conociéramos todo. Nos rompe la curiosidad y la perplejidad. Nos hace actuar como monos sabios.
8
Lynch evita la historia para construir texturas. Las texturas son todo eso que no forma parte de la trama y que se dirige a los sentidos. A la sensorialidad. Las texturas se dirigen al cuerpo, la historia se dirige al cerebro.
El cine de Lynch es físico, material. Produce un clima sensorial a partir de imágenes concretas que solo se pueden ver en la pantalla: El jopo de pelo de Henry en Cabeza borradora; La Chaqueta de Sailor en Corazón Salvaje; El cuerpo de los policías en Lost Haighway y del mozo que sirve café en Mullholland Drive;Los bosques en Twen Peak. La boca de Laura Dern en Impire.
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El cine de Lynch no tiene fondo. No surge del saber sino del pensar. No busca fundamentar sino desilusionar. Crear enigmas.
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Lynch crea un sistema sin principio ni final, un infierno, un espacio que intenta desactivar los automatismos industriales de los espectadores. Contra la pereza de los sentidos, la alquimia de lo poético. Contra la abulia visual, el cine de Lynch.
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