La reconstrucción en democracia
23 03 2010
Nadie podría adivinar que el comienzo de año vendría con todas las condicionantes para crear una situación de stress social tanto o más potente que la experiencia vivida en 1985 (terremoto del 3.03).
Se trata de dos Chile etáreos, ya que algunos ni siquiera habían nacido.
Este año partimos con la segunda vuelta presidencial que marcó el cambio de signo político en la conducción del país después de 20 años concertacionistas, de centro izquierda. La administración que se hizo cargo del ejecutivo, de signo centro derecha, se instaló en medio del desconcierto provocado por el terremoto y sus consecuencias.
La presidenta de la República Michelle Bachelet debió enfrentar la contingencia desde el primer momento, en un país que reveló la precariedad de sus comunicaciones a pesar de los progresos alcanzados.
Sebastián Piñera asumió el mando de la nación en medio de fuertes réplicas y hasta con alarma de maremoto, en un Congreso Nacional con 1.400 personas. Senadores, diputados, Corte Suprema, Tribunal Constitucional, Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, dignatarios eclesiásticos, mandatarios de países amigos, embajadores. Y por supuesto la presidenta con todo su gabinete y el presidente electo con sus futuros secretarios de estado. Hasta ahora nadie tiene una respuesta clara de qué habría pasado, si se derrumba el Congreso. Pero eso ya forma parte de la política ficción.
La realidad nos tiene enfrentados a la emergencia primero y francamente ya instalados en la reconstrucción.
Esta etapa de reconstrucción es vital para el futuro del país, por eso es tan importante saber adonde queremos llegar, de manera que después de la desgracia salgamos fortalecidos como sociedad.
El otro aspecto esencial es saber cómo se va a financiar la reconstrucción y para eso es necesario saber cuánto cuesta al sector público y al sector privado.
Hasta el momento las informaciones que conocemos son contradictorias y las diferencias de evaluación son sustantivas: de 8 mil millones de dólares a 30 mil millones de dólares (según el gobierno).
Hay soluciones que se platean con respecto a subir los impuestos, diametralmente distintas. Mientras el Ministro de Hacienda no se cierra a aumentar la carga impositiva a la minería, la senadora UDI, Evelyn Matthei argumenta que no se puede porque la ley lo impide y de hacerse no se obtendrían los recursos necesarios. Además afectaría el prestigio internacional de Chile con un impacto en la inversión, debido al cambio de las reglas del juego. Otros plantean que podría ser un aporte voluntario, cuestión bastante utópica, para alcanzar el objetivo.
Hay quienes ven la oportunidad de gravar con impuestos a los que más ganan en Chile.
Están aquellos que piensan que habría que liquidar los dólares ahorrados (12 mil millones de dólares) más la posibilidad que ofrece el Banco Mundial, que dice tener la billetera abierta para Chile.
Lo grave de la fórmula según otros expertos, es que una solución de esa naturaleza llevaría el dólar a $420, con impacto mortífero para los exportadores.
La tercera parte es elaborar un plan concreto con medidas muy bien definidas que se pondrán en marcha para la recuperación.
Sin duda que surgen muchas preguntas con respecto a un plan de reconstrucción, porque las variables son múltiples.
¿El gobierno está dispuesto a dotar a la Dirección del Trabajo de las herramientas y el personal, para controlar y fiscalizar la ocurrencia de despidos arbitrarios? (Van 15 mil despidos según la CUT, 6 mil según el gobierno).
¿El gobierno está dispuesto a fortalecer el SERNAC, para impedir abusos en los precios de artículos esenciales, especialmente en la zona de catástrofe?
¿Los arriendos quedarán al libre albedrío con precios especulativos y bastará con la autorregulación del mercado? (dptos. de 150 mil pesos subieron a 250 mil hasta 300 mil pesos).
¿Habrá líneas de financiamiento para reactivar PYMES, que dan el 90% del trabajo, más allá de los anuncios del Banco estado y de la CORFO, con postergación de cobro y congelamiento de tasas de interés?
En cuanto al crédito, por ejemplo, hay instituciones financieras que subieron las tasas de interés para comprar viviendas de 4,6% a casi 6%.
En fin, seguramente usted tiene otras preguntas que buscan respuesta.
A mi juicio la única alternativa viable, es que el Presidente convoque a los actores políticos, empresariales y laborales a una mesa de reconstrucción.
La “mesa de reconstrucción” debería recoger todos los antecedentes, elaborar rápidamente un diagnóstico, plantear medidas de corto, mediano y largo plazo, es decir elaborar un estrategia, con metas y plazos, que permita reconstruir en forma ordenada, organizada y estructurada el Chile del bicentenario.
Esa es la urgencia. Hay mucha gente que está sufriendo y el invierno está a la vuelta de la esquina.
Es cierto que el país tiene una institucionalidad, pero la tarea es mayúscula y eso hace absolutamente necesaria una “mesa de reconstrucción”.
Aquí estamos hablando de cuestiones mucho más profundas, que van más allá de los efectos mediáticos, y los problemas estructurales y humanos no se resuelven con carreras por doquier. Llegó la hora de sentarse a conversar, de resolver y ejecutar.
Así se plasma la unidad nacional, más allá de las buenas intenciones verbales.
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