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Piñera Presidente

18 01 2010

Me dice un dirigente de la Concertación: “nos costó tan caro conquistar la democracia, para que un populista de derecha gane las elecciones”.

Pero le digo que en la actual coyuntura hay muchos factores que inciden en la derrota de la coalición que poco tiene que ver con el sacrificio de tantos chilenos que murieron ejecutados, fueron torturados, exiliados. O en el mejor de los casos fueron exonerados.

El escándalo del Transantiago, (por citar un ejemplo) fue una acción desatinada de principio a fin. Pero los grupos de poder influyeron para determinar una acción errada, que incluyó a una empresa, entre otras,  propiedad de un connotado concertacionista, que más tarde no dudó en alinearse con el piñerismo. EL PODER DEL DINERO. De película.

Y así podríamos seguir. La no participación en las decisiones partidarias de aquí, acá, acullá, pesa al final del día.

Por eso es que la Presidenta Michelle Bachelet los asumió como accesorios y adoptó sus propias decisiones. Sin embargo se la jugó a fondo para gobernar.

Ni que hablar  de la forma como se  eligió al candidato. A “los ponchazos” como diría un cronista deportivo. Sin consideración de las opiniones aparentemente minoritarias. Había que pasarle la aplanadora. Era la solución “democrática”, para una tarea, que sin embargo, demandaba renovación y sobretodo proyección.

Frei tuvo decisión y honestidad para asumir el desafío. Los demás hicieron mutis por el foro.

Las trenzas y el clientelismo se terminan abruptamente con la elección de este domingo. Y eso obliga a la renovación.

Buscar a los mejores, dejar fluir las opiniones diversas, motivar la discusión, el debate. Eso le hace falta a la Concertación de Partidos por la Democracia, eso es lo que Chile necesita, mal que mal casi la mitad de los ciudadanos apoyó a Eduardo Frei.

El coraje demostrado  por la concertación, que fue capaz de aunar voluntades desde el centro a la izquierda, representa una obra inmensa que va desde el 40 por ciento de cesantía rebajado a menos de un dígito.

La pobreza cayó en 20 años del 38 por ciento al 13 por ciento. De algo más de US$4.000 de ingreso per cápita vamos en US$14.000. En fin la calidad de vida ha mejorado sustantivamente, aunque la equidad sigue pendiente.

Ni que hablar del respeto hacia la vida humana y las garantías democráticas plenas.. Y eso es mucho. No tiene precio en la bolsa.

Buscar culpables de la derrota es una práctica ociosa para los concertacionistas, pero el ejercicio de la crítica profunda es una necesidad urgente. El ejercicio del poder por 20 años desgasta. Que duda cabe. Pero los principios de una coalición tan amplia, que incluye a socialdemócratas, marxistas, cristianos, agnósticos, ateos…tiene una valor agregado, que se refleja en prácticamente la mitad de los electores.

La recuperación de la libertad es de gran significación para un país que sigue en el tercer mundo, pero que ha experimentado grandes avances en las dos últimas décadas.

Tendrá que surgir una renovación de actores políticos en la nueva fuerza opositora pero también en la nueva coalición gobernante que ahora verá que gobernar es un desafío que no admite ambigüedades ni dobleces.

El movimiento se prueba andando. ¿Cuál será la política de previsión, de salud, de derechos laborales que impulsará el nuevo gobierno?

¿Cuál será la relación entre negocios y política? ¿El presidente  de la república se desprenderá de sus negocios particulares, sin recurrir a figuras fraudulentas sin  mantener la propiedad de sus empresas? No se trata de prejuicios contra los empresarios. ¿Pero que determinará un  Jefe de Estado frente a la aplicación de impuestos u otros intereses que afecten su patrimonio?  Ese es el problema de fondo. Nada personal.

La administración Piñera será un gobierno asimétrico, donde la UDI, tiene dominio en el congreso nacional y según un distinguido parlamentario del partido, la gente más capaz y preparada. Y eso pesa. Gravita. Influye, determina.

Quizás lo más positivo de esta experiencia electoral de los chilenos, es que no hay connotaciones trágicas, pero si trascendentes. Y que tienen que tienen que ver con los más pobres y la clase media.

Una cosa es pontificar acerca de los sectores que dan votos en una elección presidencial, y otra muy distinta se presenta a la hora de gobernar.

El cambio de gobierno no debería traducirse en amnesia colectiva, donde la sociedad pierda la memoria. Muy por el contrario, los que serán oposición deberán trabajar por la profundización de la protección social. Que exista más desarrollo pero con justicia social. Con más empleo de calidad. Que el sistema político sea más democrático, con participación ciudadana y un proceso electoral más representativo. Donde la educación pública recobre el sitial que corresponde en un Chile republicano. Que el AUGE se garantice y se amplíe.

En suma: la oposición deberá articularse, depurarse y asumirse, porque también recibió un mandato ciudadano. Su tarea no sólo será fiscalizar y vigilar. Sus propuestas y su capacidad de diálogo serán observadas con rigor por los chilenos que se sienten con el derecho pleno de exigir a sus representantes.

Por de pronto Frei les dio una lección a los dirigentes de la Concertación cuando citó al británico, premio Nobel Rudyard Kipling: “Hay que mirar los triunfos y las derrotas con la misma cara. Si lo logras serás un hombre”.



Chile frente a su destino: El dilema entre Frei y Piñera

15 01 2010

La elección presidencial que convoca a más de 8 millones de ciudadanos, nos plantea un desafío de grandes proporciones.

Tenemos que elegir al hombre que gobernará la nación en los próximos 48 meses, lo que parece un tiempo exiguo, si se compara con las tareas que el país demanda a un jefe Estado.

Hace cuatro años estábamos decidiendo en primera y segunda vuelta al presidente de los chilenos, que resultó ser, la primera mujer que gobierna la república en toda su historia.

La abrumadora mayoría, más del 80%, opina que su gestión ha sido sobresaliente. Es que la preocupación por los sectores más postergados de la población, es valorada no sólo por los beneficiados, sino además por otros chilenos que sienten que la solidaridad es fundamental para construir un país con mirada de futuro, pero que no olvida su pasado.

Si uno se guía por el alto nivel de aprobación pública a la Presidenta Michelle Bachelet, los ciudadanos están diciendo que la elección fue acertada.

¿Tendremos el mismo espíritu, en la decisión que tenemos que adoptar?

Somos un país respetado internacionalmente, a pesar de nuestra relativa gravitación económica en el concierto mundial. Es cuestión de ver cómo fue despedida la presidenta en la Cumbre Iberoamericana, realizada en Portugal, o cómo fue la única invitada a la Cumbre Europea, que no pertenecía al viejo mundo, cuando se puso en marcha el Tratado de Lisboa.

Para enfrentar la catástrofe de Haití, el Presidente de Estados Unidos, llamó a la Mandataria, para coordinar con Lula Da Silva de Brasil, la ayuda latinoamericana.

En fin. Hay múltiples muestras del valor agregado que Chile ha sumado en los últimos cuatro años y que desde los comienzos de la década de 1990 para acá, le han cambiado el rostro a este país de casi 17 millones habitantes.

Sin duda que hay problemas pendientes en nuestra sociedad, que requieren debate y solución. Esa es labor del próximo mandatario.

La idea de pensar el perfil del presidente de la nación que tendremos, nos podría llevar a una discusión legítima de muchas horas, pero el tiempo apremia y este domingo hay que decidir.

Lo deseable es que nuestro país elija a un hombre que sea capaz de articular la relación con los organismos de estado y el vínculo con la multiplicidad de organizaciones de la sociedad civil.

Que tenga capacidad de diálogo internacional, resolviendo problemas y no agudizándolos, en fin. Que tenga dotes de estadista.
La aspiración sensata de cualquier chilenos, es que el presidente sea honesto, honrado, franco y con las destrezas suficientes para liderar a Chile, en función de los intereses del país y de los chilenos en su conjunto.

Si el domingo el pueblo se pronuncia teniendo en cuenta estas premisas, entonces se puede mirar el porvenir con tranquilidad y optimismo.