Encuentro de medios independientes en la Universidad de Chile
25 04 2008Categorias : Anuncios, Periodismo Ciudadano

El cine industrial se ha puesto pedante, sobre todo en los países pequeños como Chile, por eso me interesa el cine de bolsillo : esas pequeñas estructuras audiovisuales soportadas en formatos livianos capaces de aprehender, a la pasada y sin grandes esperanzas ni supuestos , la naturaleza íntima, vital e incierta de lo que está ocurriendo. Me interesa el cine que se obstina en crear relatos a partir de residuos, empleando fragmentos subalternos, azarosos y efímeros de acontecimientos registrados por sorpresa utilizando la habilidad de los espías que construyen mapas mentales a partir del recuerdo de lugares que cruzaron casi sin mirar.
Para hacer este cine no se necesita mucho dinero. Se requiere la lealtad de los amigos, la solidaridad de los que tienen un poco más que nosotros, la conversación, la pérdida del miedo a que alguien nos robe las ideas. La confianza en las miradas fugaces. El atrevimiento. La voracidad por el placer que nos puede provocar una imagen. El descubrimiento, el reconocimiento de ese placer. Su construcción minuciosa. El gusto por las sorpresas que hace posible el azar distraídamente planificado.
El cine de bolsillo utiliza procedimientos semejantes a los de los entomólogos, de los pescadores, de los misioneros, de los mendigos, de los cazadores que salen a buscar una presa asumiendo el riesgo de volver sin nada, pero confiados en que en algún momento encontrarán algo y que entonces vivirán una experiencia insustituible.
Para hacer este cine se necesita un tipo especial de espectadores. No cualquier espectador. No necesitamos millones. No necesitamos multitudes. Necesitamos espectadores dispuestos a esperar por el placer, a demorarse asumiendo el riesgo de que puedan quedarse sin nada. Espectadores que se den cuenta que la claridad no es clara y que por eso son capaces de permitir que el azar inteligente haga su trabajo.